Bio
Damián Szifron construyó una voz popular sin sacrificar inteligencia formal. Ya desde sus trabajos más conocidos en televisión y luego en cine quedó claro que dominaba el ritmo, el crescendo y el placer de contar historias con precisión industrial.
Relatos salvajes fue la síntesis más potente de todo eso: humor negro, violencia, clase media crispada y una lectura feroz del malestar contemporáneo. Pero incluso antes y después de esa película, su obra mostró una habilidad muy poco frecuente para mezclar entretenimiento y observación social.
En clave argentina, Szifron importa porque logró algo raro: hacer cine de gran circulación que suena local hasta la médula, sin pedir permiso estético ni perder eficacia narrativa.