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The Devils vuelve restaurada: una nueva oportunidad para ver la película de Ken Russell
Nueva York programa una copia en 35 mm del 15 al 22 de octubre y el BFI confirma el regreso a salas británicas. Qué recupera esta edición y por qué su historia de censura importa.
Una restauración puede mejorar la imagen de una película. En el caso de The Devils, también cambia la posibilidad de conocerla. El film de Ken Russell, estrenado en 1971 y atravesado por distintos recortes, vuelve a circular con una edición que sus responsables presentan como el montaje definitivo del director. Esta semana, Film at Lincoln Center tiene programadas funciones en 35 mm y el BFI sostiene su calendario de regreso a salas en el Reino Unido y en Irlanda.
La ficha vigente de la sala neoyorquina anuncia una exhibición del 15 al 22 de octubre. Registra 114 minutos y la incluye entre las recuperaciones de la 64.ª edición del New York Film Festival. El BFI, por su parte, informa preestrenos en 35 mm desde el 23 y estreno en cines el 30 de octubre. Son fechas de dos circuitos distintos: la agenda de una sala en Nueva York y el lanzamiento británico. Ninguna de ellas es una fecha argentina.
El punto de partida sigue siendo la historia de Urbain Grandier, un sacerdote de la Francia del siglo XVII acusado de brujería en Loudun. Oliver Reed y Vanessa Redgrave encabezan el elenco. El relato cruza religión, deseo y poder político, con una puesta en escena que no intenta volver cómodas esas tensiones. Para acercarse a la película alcanza con saber eso. La noticia de su recuperación no necesita adelantar desenlaces ni enumerar las escenas más discutidas.
La nueva versión llega después de su presentación en Cannes Classics este año. La ficha de Cannes conserva el año de producción, 1971, y distingue la exhibición de la copia restaurada en 2026. Es una diferencia sencilla, pero importante: no estamos ante una película nueva de Ken Russell. Estamos ante una obra histórica que vuelve a ofrecerse en una edición distinta de varias de las que circularon durante décadas.
El BFI detalla que el montaje fue reconstruido en 2004 bajo la supervisión de Russell y del montajista Michael Bradsell, con la colaboración de Mark Kermode y Paul Joyce. La restauración 4K utilizó el negativo original de cámara y recuperó el sonido a partir de elementos magnéticos de 35 mm. Film at Lincoln Center identifica ese mismo montaje de 2004 como base de la edición. El trabajo actual tiene, por lo tanto, una historia anterior y decisiones concretas de montaje detrás.
Los decorados de Derek Jarman son parte de lo que vale la pena mirar en las imágenes. Las paredes blancas, los volúmenes geométricos y las multitudes organizadas dentro de esa arquitectura construyen un espacio muy particular. Cannes lo acredita como responsable de los decorados; también registra a David Watkin en fotografía y a Peter Maxwell Davies en música. Recuperar una película implica volver a poner en circulación el trabajo de todo ese equipo, además del nombre que aparece como director.
Una copia proyectada en 35 mm y una restauración realizada en 4K no son datos incompatibles. El primero describe el soporte de exhibición anunciado por la sala; el segundo, el proceso de restauración informado por sus responsables. No hace falta elegir uno y borrar el otro. En una noticia sobre patrimonio cinematográfico, esas precisiones permiten saber qué trabajo se hizo y qué experiencia está ofreciendo cada programación.
La historia de la censura tampoco se reduce a una única persona que decidió cortar una escena. El estudio de caso de la BBFC explica que tanto el organismo británico como Warner Bros. pidieron modificaciones. Hubo listas distintas, negociaciones y versiones sucesivas antes de la certificación de mayo de 1971. Después se hicieron nuevos recortes para la distribución estadounidense. El resultado fue una película cuya duración y contenido variaron según el territorio y la edición.
Ese registro ayuda a entender por qué el anuncio de un montaje definitivo tiene peso. Durante años, decir que alguien había visto The Devils no alcanzaba para saber qué versión había visto. Una edición podía devolver material eliminado en Estados Unidos y, al mismo tiempo, conservar cortes anteriores. El catálogo de una película también está hecho de esas decisiones: lo que se guarda, lo que se deja afuera y lo que llega efectivamente a una pantalla.
Sight and Sound volvió a publicar el 7 de octubre una entrevista de archivo de 1995 en la que Russell explicaba su intención política. Allí vinculaba la película con el uso del miedo y la toma de control por parte del Estado. Es el testimonio del realizador sobre su obra, leído hoy en otro contexto. Ayuda a no reducir el film a un historial de escándalos, aunque la mirada de quien la dirigió tampoco agota las lecturas posibles.
La recuperación suma además voces de archivo. El 11 de octubre, Film at Lincoln Center publicó un programa con una conversación de 2010 entre Russell y Redgrave, junto con un diálogo de esta edición del festival entre Kermode y el programador Dan Sullivan. Son materiales de momentos diferentes. El encuentro con Russell es histórico; no se trata de una charla grabada en 2026. Esa combinación acerca la memoria del rodaje y la discusión actual sobre la restauración.
Por ahora, las fechas verificadas corresponden a Nueva York, el Reino Unido y el circuito anunciado por el BFI para Irlanda. Esta nota no confirma un reestreno argentino ni una plataforma local. También conviene evitar la fórmula de que nadie pudo verla antes: hubo copias comerciales y exhibiciones especiales. La novedad es la circulación oficial de esta restauración y del montaje que sus responsables identifican como definitivo.
The Devils vuelve en un momento en que la palabra restauración aparece cada vez más en las carteleras. Este caso recuerda que detrás puede haber bastante más que una imagen más limpia. Hay una discusión sobre qué película se pudo conocer, quién decidió sus límites y cómo devolverla al público. Poder mirar una obra y discutirla completa es una buena noticia de cine, incluso cuando la obra tiene cincuenta y cinco años.