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Masterplan: Tucci y un espionaje que parece de juguete

Gadgets con pinta de impresora 3D, efectos flojos y escenas que se ven venir. Masterplan quiere venderme el gran golpe; a mí me parece una aventura demasiado sonza.

Por CinePosta · · 5 min de lectura

Sin spoilers fuertes

Masterplan quiere robarse la Mona Lisa, pero a mí no me pudo vender ni los aparatitos. La película de Stanley Tucci tiene ladrones, tecnología y un golpe enorme por delante; yo veo todo eso y siento que estoy mirando a unos chicos jugando a ser espías. Espionaje berreta, de ese que se toma bastante más en serio de lo que consigue transmitir. Si entrás esperando algo con la picardía de Ocean’s Eleven, bajá unos cuantos cambios antes de darle play.

Thomas Vincent dirige a Tucci, Simona Tabasco y Victor Belmondo en una historia donde el robo se cruza con una familia recién descubierta. La idea podría dar para una comedia liviana y simpática. El problema, para mí, aparece en lo que la película hace con esa excusa: todo queda tan simplificado que la aventura pierde gracia. Me resulta más cercana a una película para chicos o adolescentes que a ese golpe ingenioso que uno quiere seguir para ver cómo lo resuelven.

Stanley Tucci, con anteojos y saco claro, apoya una mano en el marco de una reproducción de la Mona Lisa.
La Mona Lisa pone la ambición. Para mí, al plan le falta bastante más. Fuente de la imagen

Los gadgets concentran bastante bien lo que me pasa con el conjunto. Muchos me parecen salidos de una impresora 3D de filamento, con esa pinta de objeto que todavía necesita unas cuantas horas de terminación. No tengo la ficha de fabricación de la utilería; hablo de cómo se ve en pantalla. Y se ve barato. Cuando un aparatito tiene que convencerme de que estos tipos cuentan con recursos extraordinarios, lo último que debería hacer es ponerme a pensar en el plástico.

La impresión 3D puede servir perfectamente para hacer utilería. Lo que me molesta acá es que el resultado me saca de la película. En vez de seguir el plan, estoy mirando el objeto y preguntándome por qué no lo trabajaron un poco más. Me da la sensación de que ahorraron en todo, incluso en esos detalles que después van a pedirnos que tomemos en serio. Si la tecnología es parte del atractivo, tiene que aguantar que la mire.

Con la música me pasa algo parecido: me suena a IA de acá a la China. Tiene, para mi oído, ese aire genérico de música puesta para completar la escena, sin una personalidad que me quede dando vueltas. Es una impresión mía, no un dato confirmado sobre cómo se compuso. Tampoco puedo asegurar qué herramientas se usaron en el resto de la producción. Lo que sí puedo decir es que muchas cosas me dejan esa misma sensación de algo armado automáticamente y entregado así.

Esa suma me pesa más que un defecto aislado. El gadget parece sin terminar, la música me suena intercambiable y los efectos se quedan cortísimos para lo que la película quiere vender. Cada recurso tendría que ayudarme a creer un poquito más en el golpe. Acá termino viendo las limitaciones de cada uno. Una aventura puede permitirse cualquier disparate cuando consigue contagiar sus ganas de jugar; a mí Masterplan me deja demasiado pendiente de sus costuras.

Simona Tabasco aparece bajo una luz azul verdosa, con otra figura desenfocada detrás.
La música también cuenta a la hora de darle personalidad a esta aventura. Fuente de la imagen

Después está lo sonza que me resulta. Es muy naíf, pero de una manera que por momentos siento que me toma de tonto. Hay situaciones tan obvias que cuesta entender por qué la película espera que uno se sorprenda. No necesito que un robo sea posible en la vida real para disfrutarlo. Necesito que la historia me dé algo para seguir, una duda, una pequeña trampa bien puesta. Acá muchas veces parece alcanzar con anunciar lo que después va a ocurrir.

Y eso mata buena parte del entretenimiento. Muchas escenas se caen de lo cantado que está lo que va a pasar. Me quedo esperando que lleguen al punto que ya se veía venir, y esa espera no tiene demasiado suspenso. En una película de golpes me gusta sentir que el plan guarda algo, que todavía hay una pieza por descubrir. Si siento que estoy varios pasos adelante, cada explicación extra hace más lenta la llegada a lo obvio.

La comparación con Ocean’s Eleven me sale por ahí. Me gusta esa sensación de estar siguiendo a gente que sabe más que yo y disfruta usarlo a su favor. No estoy pidiendo el mismo elenco ni el mismo presupuesto; quiero un poco de esa complicidad. Masterplan flashea espionaje, se pone sus accesorios y espera que con eso alcance. Yo veo la intención, pero no encuentro la inteligencia del juego. El vestuario de ladrón canchero no te resuelve el golpe.

Victor Belmondo y Simona Tabasco están de pie en un túnel de paredes curvas iluminado al fondo.
Moverse por un túnel puede ser parte del golpe. Mantener la intriga requiere algo más. Fuente de la imagen

Las actuaciones tampoco me ayudan a comprarlo. Me resultan berretas, poco convincentes dentro de una película que ya viene floja por otros lados. Tucci es la cara que hace que uno se acerque, pero acá su presencia no me alcanza para levantar el conjunto. Con Simona Tabasco y Victor Belmondo tampoco encuentro una dinámica que me haga olvidar lo previsible de las situaciones. Cuando el plan no sorprende, necesitás al menos disfrutar mucho de quienes lo están llevando adelante.

Y el costado familiar podría haber servido para eso. Hay una posibilidad de jugar con las diferencias entre los tres, de darle un poco de vida al mecanismo del robo. A mí me termina quedando todo en el mismo registro ingenuo. La familia no me vuelve más interesante el golpe y el golpe no me vuelve más interesantes a sus integrantes. Los veo avanzar dentro de una aventura que ya parece tener todo bastante resuelto antes de empezar.

Stanley Tucci, vestido de traje oscuro, está junto a un auto celeste de noche.
Tucci tiene la estampa del ladrón elegante. A mí eso solo no me alcanza. Fuente de la imagen

Por eso la siento tan para chicos, aunque tampoco me gusta usar al público infantil como excusa para hacer cualquier cosa. Una película para adolescentes puede tener ideas, humor y sorpresas buenísimas. Acá hablo de lo poco que me exige Masterplan y de la facilidad con la que espera que acepte todo. Si buscás espionaje con algo de elaboración o una comedia de ladrones bien armada, me parece mejor entrar sabiendo que eso difícilmente lo vas a encontrar.

Para mí queda en un 5: Regular. No merece más que eso. Entre los gadgets de juguete, los efectos que no llegan, las actuaciones y esa música que me suena tan artificial, el plan nunca toma vuelo. Podría aceptar una aventura chiquita si me diera ganas de acompañarla; acá me piden que crea en un golpe enorme mientras me muestran demasiado poco para sostenerlo. La Mona Lisa será difícil de robar. Darle un poco de gracia a esta película tampoco les salió.