opinión · CinePosta

Lo dejamos acá: Darín, Peretti y ese viaje entre la risa y el bajón

Me gustó y la recomiendo. Darín está brillante, Peretti se va acomodando y la historia tiene una idea divertida. El problema aparece cuando la comedia frena y el drama se queda un rato de más.

Por CinePosta · · 5 min de lectura

Sin spoilers fuertes

Lo dejamos acá me gustó. Arranco por ahí porque después voy a protestar un rato por sus cambios de ánimo y no quiero que se pierda lo principal: la recomiendo. Tiene una historia divertida, saca risas y junta a Ricardo Darín con Diego Peretti en una película que, aun con sus desniveles, me dejó la sensación de haber invertido bien el tiempo. Ahora, qué ganas de que hubiera sostenido un poco más ese impulso del comienzo.

La idea de partida ya tiene algo atractivo. Un psicoanalista empieza a cruzar los límites con sus pacientes y se encuentra con un escritor que no puede volver a escribir. Darín de un lado, Peretti del otro y Hernán Goldfrid en la dirección. Con eso alcanza para entrar; prefiero dejarles el resto para cuando la vean. A mí la premisa me resultó original y, sobre todo, con posibilidades de hacer una buena comedia.

Diego Peretti, con saco color salmón, conversa con Ricardo Darín a ambos lados de un escritorio.
Un terapeuta, un escritor y una relación con bastante para complicarse. Crédito: Netflix. Fuente de la imagen

Y el arranque cumple. La peli empieza divertida, tiene dinamismo y te atrapa bastante rápido. Se hace fácil seguirla, acompañar lo que propone y querer saber cómo continúa ese encuentro. Hay algo muy lindo en una comedia que consigue engancharte sin hacerte esperar media película. Acá esa primera parte me dio justo eso: una buena idea en movimiento y ganas de quedarme a ver qué hacían con ella.

Después está Darín. Darín es Darín, qué quieren que les diga. Un crack de la actuación, brillante otra vez. Es una de las cosas que más disfruté de Lo dejamos acá y de las que menos vueltas necesito dar para explicar. Me gusta verlo actuar y acá vuelve a ser un motivo enorme para mirar la película. Con todos los cambios de tono que vienen después, mi entusiasmo con él se mantiene.

Ricardo Darín está sentado detrás de un escritorio, con las manos juntas y una ventana a su derecha.
Darín, uno de los grandes motivos para darle una oportunidad. Crédito: Netflix. Fuente de la imagen

Con Peretti me pasó algo distinto. Al principio se me hizo demasiado exagerado. Se le nota la sobreactuación, como si el personaje llegara con una intensidad que a mí me cuesta comprar de entrada. Mientras la película empieza a encontrar su gracia, hay algo en esa actuación que me queda un poco pasado. Y se nota más porque el comienzo, en términos generales, funciona: yo ya estoy enganchado, pero él todavía no termina de acomodarse.

Por suerte, esa impresión va cambiando. Conforme avanza la película, Peretti se acomoda y me resulta más fácil seguirlo. Por eso tampoco me parece justo quedarme solamente con el exceso inicial. Su actuación tiene un recorrido, y mi reacción frente a ella también: arranca haciéndome ruido y después encaja mejor. Me hubiese gustado sentirlo así desde antes, pero se agradece que la cosa encuentre su lugar mientras la historia sigue.

Diego Peretti lleva un saco color salmón y un suéter negro, sentado junto a un vaso de agua.
Peretti va encontrando una medida que al principio me costó. Crédito: Netflix. Fuente de la imagen

El problema más grande que tuve con la peli aparece cerca de la mitad. Venía disfrutando de una comedia ágil y, de pronto, entro en un tramo bastante más dramático y bajonero. Ahí siento la caída. Ese dinamismo que me había atrapado pierde fuerza, y me cuesta sostener el mismo interés. El cambio se hace pesado por lo que dura y por cómo me encuentra: yo venía acompañando otra energía.

La mezcla de comedia y drama puede funcionar muy bien. Acá lo que me incomoda es el vaivén, esa forma de pasar de un pico a un pozo y después volver a subir. En ese tramo del medio hay momentos en los que me aburro. La historia sigue teniendo una idea que me interesa, pero las ganas con las que la estaba mirando aflojan. Se siente bastante la distancia con ese comienzo tan llevadero.

Tampoco quisiera exagerar el reclamo hasta convertirla en una película que me resultó insoportable. No fue mi experiencia. Sí hubo un bajón que me cortó el ritmo y que me dejó esperando que recuperara algo de lo anterior. Me parece una diferencia importante al recomendarla: tiene partes que disfruté mucho y otras que se me hicieron más largas. Ese desnivel es lo que más me queda para discutirle.

Primer plano de Ricardo Darín de perfil, con poca luz y un reflejo azulado en el ojo.
El costado más oscuro de la película también tiene su lugar en las imágenes promocionales. Crédito: Netflix. Fuente de la imagen

Después la comedia vuelve, y eso suma bastante a cómo termino sintiéndome con la película. Recupera el humor y vuelvo a encontrarme con parte de lo que me había gustado al principio. Hay risas, hay una trama divertida y todavía tengo ganas de acompañarla. Esa recuperación ayuda, aunque el recorrido siga siendo algo incómodo. Cuando pensás en el conjunto, el tramo del medio también cuenta; no desaparece porque después la pases mejor.

Me quedé pensando que había una película más pareja dentro de esta misma historia. La idea está, los actores están y el arranque demuestra que puede tener un ritmo que me funciona muy bien. Por eso da un poco de bronca cuando afloja. Con algo menos de distancia entre esos estados de ánimo, seguramente la habría disfrutado más. Es la clase de reparo que aparece justamente porque hay bastante para disfrutar.

Diego Peretti y Ricardo Darín acercan sus vasos en una barra rodeada de botellas y libros.
Los dos protagonistas, esta vez lejos del escritorio del consultorio. Crédito: Netflix. Fuente de la imagen

Igual, mi balance es bueno. Me gustó la originalidad de la trama, me divertí en varias partes y Darín está para disfrutarlo. Peretti termina acomodándose y la película vuelve a levantar después de ese pozo. Son motivos suficientes para que la recomiende con ganas, sabiendo que tiene sus altibajos. No necesito que todo me haya cerrado para reconocer que pasé un buen rato y que valió la pena verla.

Si me preguntan si vale el tiempo, para mí sí, totalmente. Vayan sabiendo que la comedia se toma un desvío al bajón y después regresa, así ese cambio no los agarra esperando risas de punta a punta. Lo dejamos acá tiene una idea divertida y dos actores que dan ganas de mirar. Yo me quedo con eso, con las risas que sí me sacó y con Darín haciendo lo suyo. A mirarla.