opinión · CinePosta

Insaciable: el body horror en modo fácil

No me dio miedo, pero sí me entretuvo: un terror corporal liviano, llevadero y con lugar propio para un domingo tranquilo.

Por CinePosta · · 5 min de lectura

Sin spoilers fuertes

Hay películas de terror que te reciben con un golpe en la cara y otras que te dejan mirar un rato antes de decidir si te metés. Insaciable se me plantó en el segundo grupo. La idea de partir de una preocupación muy cotidiana por el cuerpo y llevarla a un terreno sobrenatural ya tiene un gancho sencillo; después, la película tampoco se apura a convertirse en una prueba de resistencia. No me dio miedo, no me hizo saltar ni me dejó esperando un gran susto. Sí me atrapó lo suficiente para seguir mirando y divertirme con el recorrido. A mí me funcionó como una entrada amable al body horror, con la intensidad en un volumen bastante moderado.

Hana estudia medicina y vive bajo una presión constante sobre su imagen. A partir de una promesa de bajar de peso rápido, la historia abre una puerta bastante retorcida y va mezclando ese deseo de cambiar con una presencia que no debería estar ahí. La premisa se entiende rápido; no me costó entrar y tampoco sentí que hubiera que descifrar demasiadas reglas. Una vez que el mecanismo queda armado, el interés viene de acompañarla y ver cuánto puede estirarse, sin que la película convierta cada minuto en anuncio de que viene un susto. Es llevadera: tiene algo raro para contar y lo cuenta de una manera que invita a seguir.

Una mano con uñas oscuras sostiene una cápsula clara frente a un fondo desenfocado.
La promesa de una solución rápida cabe en una cápsula. Fuente de la imagen

Como terror, igual, está en el lado liviano. Tiene algunas imágenes físicas, algo de anatomía y momentos para recordar que la historia toca el cuerpo, pero no arma una escalada de gore que te tape la pantalla. El concepto de body horror promete una experiencia mucho más brava de la que encontré. No me parece una falla automática: su falta de intensidad la vuelve fácil de recomendarle a alguien que siempre tuvo curiosidad por el género y le teme a las versiones más gore. Si ya sos habitué de esas películas, probablemente te quedes con ganas de un poco más.

Hana aparece frente a una persiana, con luz verdosa y la mirada baja.
La película sugiere inquietud con el clima antes que con imágenes gráficas. Fuente de la imagen

Donde el artificio sí me llamó la atención fue en el maquillaje. Cuando Hana aparece con un cuerpo más voluminoso, los apliques se notan. A mí ese trabajo me resultó bastante pedorro: en vez de desaparecer dentro del cambio, me quedé mirando dónde empezaba la prótesis. Mi crítica va al recurso, claro, no al cuerpo que representa. En una película que necesita que ese cambio se sienta, cada vez que veo el borde del truco el momento pierde fuerza. No arruina la experiencia, pero ayuda a que el body horror se mantenga soft y a que la transformación impresione menos de lo que la idea pide.

Las actuaciones acompañan de un modo parecido. Me parecieron normalitas; nadie se despega como para sostener la película por su cuenta o dejar una escena inolvidable. El reparto hace su trabajo y mantiene la historia en marcha, pero no encontré una interpretación que me cambiara la experiencia. La película se apoya más en su premisa y en ese tono medio incómodo que en una gran actuación de lucimiento.

Primer plano de Hana frente a un fondo con luces y equipamiento desenfocados.
Midori Francis en una escena de la película. Fuente de la imagen

El sexo, por otro lado, casi ni figura. Si alguien espera que la historia venga cargada de escenas sexuales, esa expectativa va a encontrar muy poco. Las escenas de sexo son casi inexistentes; el centro de la película pasa por la obsesión, el horror y la relación con el cuerpo. Es apenas un dato práctico, pero sirve para imaginar mejor el tono.

Y en medio de todo esto aparece una mención a la Argentina: las Cataratas del Iguazú, más específicamente. A mí me llamó la atención escuchar ese nombre propio en una producción australiana. Queda como un dato curioso que uno pesca mientras la película sigue por su camino; no hace falta sobreinterpretarlo.

Aunque no asusta, la película no queda completamente en piloto automático. La historia avanza y me tuvo pendiente de qué nueva variación encontraría en esa idea. Disfruté ese equilibrio: no me exige prepararme para una película durísima y tampoco se vuelve una colección de escenas sueltas. Algunas imágenes se quedan por lo extrañas, más que por lo repulsivas. Cuando aparece la presencia, le da un borde de cuento oscuro, pero para mí nunca termina de convertirlo en miedo de verdad.

Hana aparece en primer plano con otra silueta desenfocada detrás, en una habitación oscura.
La presencia sobrenatural suma inquietud sin que la película se vuelva aterradora. Fuente de la imagen

Por eso pienso en Insaciable como el nivel inicial de un juego. Entrás, entendés de qué va el género y tanteás si te interesa seguir, sin que te tiren todas las tripas encima desde el primer minuto. Hay gente que ya quiere arrancar en dificultad extrema y va a preferir algo mucho más visceral; está perfecto. Si nunca viste body horror, o te da un poco de respeto, esta puede ser una partida en fácil para probar la mecánica. Después, si te divertiste, siempre queda subir de nivel con películas más gore.

Lo que más me quedó es que la pasé bien. Insaciable engancha y se ve sin esfuerzo, aunque las actuaciones sean comunes, el maquillaje no siempre convenza y el terror se quede corto. Me gusta para un domingo tranquilo, cuando tengo ganas de algo de género que me mantenga mirando y trabaje con una idea particular sin dejarme tenso toda la tarde. En líneas generales me gustó. No necesito que me dé miedo para disfrutar esa combinación de intriga y body horror suave; a veces alcanza con que la película encuentre su lugar y me acompañe un rato.